Innovación sanitaria: por qué necesitamos espacios de colaboración como Hackathon Salud

El reto de la transformación digital en salud es adoptar la tecnología

La transformación sanitaria no depende únicamente de incorporar inteligencia artificial, plataformas digitales o nuevas fuentes de datos. Necesita espacios en los que profesionales sanitarios, pacientes, investigadores, emprendedores, empresas e instituciones puedan identificar problemas reales, diseñar soluciones y comprobar si son aplicables al sistema de salud.

Ese es el propósito de iniciativas como Hackathon Salud, impulsado por COM Salud, el Instituto #SaludsinBulos y la plataforma ITEMAS: conectar necesidades sanitarias concretas con equipos multidisciplinares capaces de plantear nuevas respuestas y convertirlas en proyectos con posibilidades de desarrollo.

El valor de un hackathon sanitario no reside solamente en reunir a personas durante una jornada o en generar ideas innovadoras. Su principal aportación consiste en crear un espacio de trabajo compartido entre actores que, pese a formar parte del mismo ecosistema, no siempre tienen oportunidades para colaborar.

Porque la sanidad no tiene necesariamente un problema de falta de ideas. El verdadero reto es conseguir que esas ideas lleguen a convertirse en soluciones útiles, seguras, evaluables y sostenibles.

El reto ya no es crear más tecnología, sino integrarla

Cada año aparecen nuevas aplicaciones sanitarias, algoritmos de inteligencia artificial, dispositivos conectados, plataformas de telemedicina y herramientas capaces de analizar grandes cantidades de datos.

Sin embargo, una solución puede ser técnicamente avanzada y no llegar nunca a utilizarse en la práctica. Puede no responder a una necesidad prioritaria, no integrarse con la historia clínica, aumentar la carga de trabajo de los profesionales, presentar dificultades regulatorias o resultar poco comprensible para los pacientes.

Por eso, la transformación sanitaria no es únicamente tecnológica. También es:

  • clínica, porque debe mejorar la atención;
  • organizativa, porque modifica procesos y responsabilidades;
  • regulatoria, porque interviene sobre datos y decisiones sanitarias;
  • económica, porque necesita un modelo de financiación;
  • cultural, porque exige nuevas formas de trabajar;
  • humana, porque debe ser aceptada por profesionales y pacientes.

La innovación comienza a generar valor cuando consigue atravesar todas estas dimensiones.

Una transformación digital que entra en una nueva etapa

La Organización Mundial de la Salud prorrogó en 2025 su Estrategia Global de Salud Digital hasta 2027. Desde el lanzamiento de la estrategia, 129 países han establecido estrategias nacionales de salud digital y 130 Estados miembros han evaluado su grado de madurez digital. [1]

Estos datos muestran que la digitalización sanitaria se ha convertido en una prioridad internacional. Pero disponer de una estrategia nacional no garantiza por sí solo que la innovación llegue a la consulta, mejore los resultados en salud o reduzca la carga de trabajo.

La propia OMS recuerda que la salud digital no consiste simplemente en incorporar aplicaciones, plataformas o dispositivos. Su finalidad debe ser transformar la manera en la que los sistemas sanitarios atienden a las personas, con mayor equidad, efectividad y capacidad de respuesta.

Esta diferencia entre disponer de tecnología y conseguir que la tecnología transforme la asistencia explica la necesidad de contar con espacios de colaboración.

La inteligencia artificial aumenta la necesidad de cocreación

La expansión de la inteligencia artificial hace todavía más evidente esta necesidad.

Un informe publicado por la Oficina Regional de la OMS para Europa en abril de 2026 señala que el 74 % de los países de la Unión Europea ya utiliza inteligencia artificial en actividades diagnósticas y el 63 % emplea chatbots para apoyar la relación con los pacientes. [2]

El dato confirma que la inteligencia artificial ha dejado de ser una posibilidad futura. Ya se está incorporando a tareas relacionadas con la imagen médica, la detección de enfermedades, la toma de decisiones clínicas y la comunicación sanitaria.

Pero también aparecen nuevas preguntas:

¿Quién evalúa un algoritmo antes de utilizarlo? ¿Cómo se detectan sus sesgos? ¿Qué profesional supervisa sus recomendaciones? ¿Cómo se informa al paciente? ¿Quién responde ante un error? ¿Puede integrarse con los sistemas existentes? ¿Reduce realmente la carga asistencial?

La respuesta a estas cuestiones no puede proceder únicamente de los desarrolladores tecnológicos.

Necesita la participación de profesionales sanitarios, especialistas en datos, pacientes, juristas, expertos en regulación, gestores y responsables de innovación. De hecho, el mismo informe de la OMS indica que el 81 % de los Estados miembros de la UE ya está involucrando a diferentes grupos de interés en la definición de la gobernanza de la inteligencia artificial sanitaria. [2]

La participación no debería producirse cuando la herramienta ya está terminada. Debe comenzar en la definición del problema y mantenerse durante el diseño, la validación y la evaluación.

El Espacio Europeo de Datos de Salud obliga a colaborar

La entrada en vigor del Reglamento del Espacio Europeo de Datos de Salud, el 26 de marzo de 2025, marca otro cambio importante.

El nuevo marco europeo busca facilitar que los ciudadanos puedan acceder y compartir sus datos sanitarios, impulsar el intercambio transfronterizo de información y permitir la reutilización segura de datos para investigación, innovación, regulación y elaboración de políticas públicas. Su aplicación será progresiva, con hitos relevantes a partir de 2029. [3]

El Espacio Europeo de Datos de Salud no es solamente una infraestructura tecnológica. Requiere acuerdos comunes sobre interoperabilidad, formatos, seguridad, gobernanza, calidad del dato y derechos de los ciudadanos.

También exige la colaboración entre administraciones, servicios sanitarios, profesionales, pacientes, investigadores, universidades, empresas tecnológicas y entidades reguladoras.

Ningún agente puede construir por separado este nuevo ecosistema de datos. La innovación colaborativa pasa, por tanto, de ser una práctica recomendable a convertirse en una necesidad estructural.

¿Qué aportan los espacios de innovación sanitaria?

Los hackathons, laboratorios de innovación, programas de aceleración, living labs y entornos de experimentación permiten reunir capacidades que habitualmente trabajan por separado.

Pero para que aporten verdadero valor no deben limitarse a organizar una lluvia de ideas. Deben ayudar a recorrer las primeras fases del proceso de innovación.

Partir de un problema real

Uno de los errores más frecuentes consiste en desarrollar primero una tecnología y buscar después dónde utilizarla.

Un espacio colaborativo permite invertir ese recorrido. Primero se identifica una necesidad clínica, asistencial, organizativa o comunicativa. Después se analiza qué solución puede responder mejor a ella.

En este proceso, cada participante aporta una perspectiva diferente. Los profesionales conocen el funcionamiento de la asistencia; los pacientes saben cómo afecta el problema a su vida diaria; los tecnólogos conocen las posibilidades de las herramientas; y los gestores pueden anticipar las condiciones necesarias para implantar una solución.

Formar equipos multidisciplinares

La innovación sanitaria difícilmente puede avanzar desde una sola disciplina.

Un profesional sanitario puede identificar una necesidad con gran precisión, pero quizá no disponga de las capacidades técnicas para desarrollar una solución. Un equipo tecnológico puede crear una herramienta sofisticada, pero desconocer cómo funciona un circuito asistencial o qué barreras pueden impedir su adopción.

Los espacios colaborativos permiten unir ambos conocimientos y añadir otras competencias relacionadas con diseño, comunicación, experiencia de usuario, análisis de datos, regulación o modelos de negocio.

La investigación reciente sobre innovación digital responsable señala precisamente la cocreación entre diferentes actores como uno de los elementos necesarios para alinear la tecnología con las necesidades clínicas y sociales. [4]

Incorporar la experiencia del paciente

Los pacientes no deberían participar únicamente como receptores finales de la innovación.

Su experiencia permite detectar problemas que pueden pasar inadvertidos para otros actores: dificultades de acceso, lenguaje incomprensible, procesos innecesariamente complejos, falta de continuidad asistencial o herramientas que no se ajustan a la realidad de una enfermedad.

La OCDE destaca que el acceso de los pacientes a sus historias clínicas puede mejorar su preparación para las consultas, la comunicación con los profesionales y su participación en las decisiones terapéuticas. Sin embargo, también advierte de barreras de usabilidad, comprensión, accesibilidad e interoperabilidad. [5]

Diseñar con los pacientes, y no solo para los pacientes, ayuda a detectar estas barreras antes de que una solución llegue al mercado o al sistema sanitario.

Detectar pronto las barreras de implementación

Una buena idea no es todavía una innovación implantable.

Antes de avanzar es necesario responder a cuestiones como:

  • ¿Se integra con los sistemas de información existentes?
  • ¿Qué datos necesita?
  • ¿Existe una base jurídica para utilizarlos?
  • ¿Quién será responsable de su supervisión?
  • ¿Cómo se evaluará su seguridad?
  • ¿Ahorra tiempo o añade nuevas tareas?
  • ¿Puede generar desigualdades?
  • ¿Qué resultados clínicos u organizativos pretende mejorar?
  • ¿Existe una vía para financiarla o contratarla?

Plantear estas preguntas desde el principio permite descartar propuestas inviables, reformular otras y concentrar los recursos en aquellas con mayores posibilidades de generar impacto.

Crear prototipos y aprender con rapidez

Los hackathons ofrecen un entorno en el que una idea puede convertirse rápidamente en una primera propuesta, maqueta o prototipo.

Esto permite visualizar mejor la solución, recibir observaciones de expertos y detectar fallos antes de realizar inversiones más importantes.

La rapidez, sin embargo, no debe confundirse con improvisación. En salud es necesario combinar agilidad con criterios científicos, clínicos, éticos, regulatorios y de seguridad.

El objetivo no es obtener una solución terminada en unas horas. Es avanzar lo suficiente para comprobar si la idea merece continuar desarrollándose.

Hackathon Salud: conectar retos y capacidades

Hackathon Salud aplica este enfoque mediante retos vinculados a necesidades concretas del ecosistema sanitario.

Profesionales, pacientes, emprendedores, estudiantes, investigadores y desarrolladores pueden trabajar conjuntamente para plantear soluciones relacionadas con la asistencia, la comunicación con el paciente, la prevención, la gestión sanitaria o el uso de tecnologías digitales.

En su décima edición, celebrada en 2025, se presentaron 47 propuestas y 19 accedieron a la fase final. Los proyectos ganadores recibieron 9.000 euros en premios y programas de mentorización y desarrollo valorados en 30.000 euros. [6]

Entre las soluciones premiadas se encontraban dos proyectos dirigidos a personas con esclerosis múltiple y un agente conversacional basado en inteligencia artificial para el deterioro cognitivo.

Estos proyectos muestran que el valor del Hackathon no está únicamente en aplicar una tecnología novedosa. También reside en mejorar la comunicación entre profesionales y pacientes, facilitar el seguimiento de síntomas, apoyar la toma de decisiones compartidas y proporcionar herramientas adaptadas a necesidades concretas.

La colaboración con ITEMAS permite, además, conectar el Hackathon con las unidades de innovación de centros sanitarios y con profesionales que conocen directamente los retos del Sistema Nacional de Salud.

España necesita conectar inversión, innovación y práctica asistencial

España se encuentra en un momento especialmente relevante para la transformación sanitaria.

Según el seguimiento publicado por el Ministerio de Sanidad en marzo de 2026, la Estrategia de Salud Digital está impulsando seis planes de acción con una financiación conjunta de 893 millones de euros. Estos programas incluyen la transformación digital de Atención Primaria, la atención personalizada, los servicios digitales del SNS, la genómica y la creación de espacios de datos de salud. [7]

El mismo documento muestra algunos de los retos existentes. Entre 2022 y 2025 se triplicó el uso ciudadano de la Historia Clínica Digital del Sistema Nacional de Salud, pero su utilización por parte de los profesionales sanitarios continúa siendo baja. [7]

Este contraste resume uno de los grandes desafíos de la transformación digital: desarrollar una infraestructura no significa que vaya a incorporarse automáticamente a los procesos asistenciales.

La tecnología necesita formación, usabilidad, interoperabilidad, liderazgo, incentivos y gestión del cambio. También necesita que los profesionales comprendan su utilidad y participen en su diseño.

En un sistema descentralizado como el español, además, resulta imprescindible facilitar el intercambio de conocimiento entre comunidades autónomas, hospitales, centros de investigación, sociedades científicas, asociaciones de pacientes y empresas.

Los espacios colaborativos pueden contribuir a que las experiencias que funcionan no permanezcan aisladas y puedan transferirse a otros centros o territorios.

Un hackathon no termina con la entrega de premios

También es necesario reconocer los límites de este tipo de iniciativas.

Un hackathon no sustituye la validación clínica, los estudios de impacto, la evaluación económica, el cumplimiento regulatorio ni los procesos de contratación. Tampoco garantiza que todos los proyectos participantes lleguen a implantarse.

Para evitar que la innovación se quede en una presentación, es necesario construir una ruta de continuidad que pueda incluir:

  • mentorización especializada;
  • validación con profesionales y pacientes;
  • acceso a entornos de pilotaje;
  • asesoramiento regulatorio;
  • evaluación de resultados;
  • búsqueda de financiación;
  • colaboración con centros sanitarios;
  • conexión con posibles socios.

Por eso, el éxito de un hackathon no debería medirse únicamente por el número de participantes o de ideas presentadas.

También debería evaluarse cuántos equipos continúan trabajando, cuántos prototipos evolucionan, cuántos proyectos consiguen validarse y qué soluciones llegan finalmente a producir una mejora.

De los eventos de innovación a una infraestructura colaborativa

La transformación sanitaria exige pasar de proyectos aislados a una verdadera infraestructura de innovación.

Esa infraestructura necesita combinar conocimiento clínico, participación del paciente, tecnología, acceso seguro a datos, evaluación, regulación, financiación y capacidad de implantación.

Los espacios de colaboración constituyen uno de los puntos de entrada a ese proceso. Permiten hacer visibles necesidades no cubiertas, formar equipos, contrastar ideas y acelerar las primeras fases de desarrollo.

En este contexto, Hackathon Salud no debe entenderse únicamente como un evento, sino como un mecanismo para conectar el talento innovador con los retos reales de la sanidad.

Los sistemas sanitarios del futuro no serán necesariamente aquellos que acumulen más herramientas digitales. Serán los que desarrollen una mayor capacidad para identificar qué soluciones necesitan, evaluarlas con rigor e integrarlas en la asistencia.

La tecnología puede facilitar la transformación. Pero la colaboración es lo que permite convertirla en resultados.

Referencias

  1. Organización Mundial de la Salud. The World Health Assembly endorses the extension of the Global Strategy on Digital Health to 2027 and approves the next phase for 2028–2033. 2025.
  2. WHO Regional Office for Europe. New WHO/Europe report provides first-ever snapshot of AI in health care across European Union Member States. 2026.
  3. Comisión Europea. European Health Data Space Regulation. 2025.
  4. Landers C, Blasimme A, Vayena E. Sync fast and solve things—best practices for responsible digital health. npj Digital Medicine. 2024;7:113.
  5. OECD. Building people-centred digital health systems. 2026.
  6. COM Salud. Un agente conversacional para el deterioro cognitivo y dos proyectos para esclerosis múltiple ganan el Hackathon Salud. 2025.
  7. Ministerio de Sanidad. Seguimiento de los programas de Salud Digital 2021–2026. Marzo de 2026.